¿Qué hago aquí? Quién
si ni apenas yo hubo de dirigir cada paso hasta esta indefinida malaventuranza.
¿Que quién fue, que cómo llegó cada segundo hasta esta siniestra hora en que
sucumbo a lo oscuro de mis cavilaciones existenciales? Las decisiones son ruina
y oportunidad, ruina y, no obstante, todo lo contrario al mismo tiempo ¿cómo
así? La respuesta tiende al infinito: La discusión con el tiempo y el enojo con
la realidad llevan cada segundo a ir definiendo nuestra materia sobre la vida,
a darle armonía a tal relación bilateral: mente-realidad, con más ahínco, en la
incertidumbre de estar a la deriva de una decisión que aún no tienes por
correcta. Pues bien, quizá un error nuestro, es además el error de otros, y
estos otros errores culpa de otros, otros más allá en el tiempo; y así en
sucesión, como les decía, tendiendo siempre al infinito. Entonces, llega el momento.
Cada segundo golpea contra cada decisión diciendo, en un tormentoso segundo
universal: no es así, no es así, te has
equivocado. De mente en mente, así, hasta llegar a mi segundo decisivo y
decir tú también, amigo mío, lo siento,
¡estás equivocado! Hay dos
discusiones que debemos aprender a sobrellevar cada día, y en cada momento: Lo
que vamos siendo día a día por lo que queremos ser, y lo que vamos siendo por
lo que los demás esperan de nosotros; siempre, siempre hincando las mismas palabras
en nuestras sienes, qué hacer, cómo
hacerlo, a dónde ir, a dónde no, qué decidir, qué olvidar. A una amiga de
mi madre se le dio por aconsejarle que los institutos especializados en el
rubro culinario son verdaderamente buenos, además de ser una carrera altamente
remunerativa; el error de aquella amiga de mi madre fue el de dejarse llevar
por la forma tan embustera en que se muestran las propagandas marketeras con
respecto a la educación superior en nuestro país, el otro error fue sentirse
tan segura de poder dirigir las decisiones de mi madre sobre su hijo. El error
de mi madre fue convencerse, además de tener la convicción de estar haciendo lo
correcto, sin importar lo que piense su hijo. Hasta ahí, van muchos errores en
juego, el juego de la vida. A mi hermano se le daba por pasarse el día entero pensando
y pensando, obnubilado y desorientado. En una azorada discusión que tuvieron
ambos llegaron a la decisión de que
mi hermano estudiaría para ser chef y además se matricularía en estudios
preuniversitarios, a fin de que algún día lograra entrar en alguna. Al día
siguiente llegó mi madre con la noticia de que sólo lo había matriculado en la
especialidad culinaria, y que para lo otro ya no había dinero. Dos meses
después, mi hermano abandonó tal empresa y quedó suspendido en la nada. Al
siguiente año empezó a instruirse con el objetivo de cursar estudios
superiores. Un año perdido porque a la señora se le ocurrió aconsejar con suma
ignorancia el devenir de alguien a quien no conoce, con ejemplos que no tiene
idea de su resultado, para conversar por lo menos, mientras el de los pollos
del mercado le despacha su orden. Así es como aprendió a decidir mi hermano.
Tengo un amigo que estudia Derecho: Fatigado vuelve a casa, arroja sus libros
por cualquier parte y coge su guitarra para cantar en su soledad tantas
melodías que ha ido ideando durante todo el día en que estuvo en clase. Tengo
una amiga que quiere morirse porque trabaja en una empresa de ilustradora, y su
paga es muy buena, pero tiene un costo alto de vida. Sus antidepresivos son más
numerosos cada vez, y sus noches son cada vez más largas y crudas. Tengo un
primo que trabaja doce horas diarias con su padre, por el simple hecho de no
haberle dicho en el momento preciso que los Sistemas le dan náuseas, y lo que más
quisiera es tirar la puerta y correr hacia la libertad, coger su dignidad y
darse al olvido por todos los caminos del mundo; pero no, no dijo nada nunca. A
todos y a cada uno les falta algo, una pequeña situación en que estalle todo lo
necesario, y es ahí donde surgirá la decisión. Yo me hago cada vez más
escritor, por la fuerza que me da no querer ser lo que voy siendo, por algún
error que algún día tomé, que tomaron otros, y otros, y otros, como la señora
en la espera de su kilo de pollo. Como decía, las decisiones, error o no, son
ruina y oportunidad, ruina y todo lo
contrario a la vez.
Comentarios, poemas, crónicas, conciencias, diatribas, canciones, diarios, entrevistas y demás. Una frontera donde medir las marejadas de la realidad. Servido.
Purga / Sofi Oksanen
Purga / Sofi
Oksanen
Por Omar Livano
Por Omar Livano
Algunos apuntes
tardíos sobre Purga: Una buena novela puede contar una historia al detalle, con
lupa, e ir desenvolviendo una trama al son de un ritmo personal (velocidad,
intensidad) y luego uno descubre el laberinto personal de cada personaje.
Purga, va más allá. Es una novela bicéfala. Dos núcleos (histórico y policial)
que dialogan continuamente y que con el avance de las páginas desentraña un
cordón umbilical que sujeta a las dos protagonistas, que más bien son mujeres
ataviadas por circunstancias imposibles de manejar, o detener siquiera.
La verdad es que
Purga por momentos duele, y en otros traiciona. Hay un intercambio de
escenarios que se van yuxtaponiendo: un viejo pueblo de Estonia que ha sido
olvidado hasta por el tiempo y el mismo que, años atrás, había pasado de las
manos de Stalin a las de Lenin y a luego a las de Nikita. En cada espacio las
desdichas transcurren de acuerdo a sus implicancias sociales y hasta políticas.
Y en cada plataforma, Zara y Aliide, a pesar de todo, parecen cómodas o
acostumbradas. Presas de sí mismas, al fin y al cabo. Una condenada a un amor
platónico, aun después de los años. La otra, a la indigencia en que su pueblo
se vio sumergido después de la tragedia nuclear de Chernóbil, necesidad canija que
es al mismo tiempo sinónimo de sumisión. (Muestra: “Claro que Paša sabía que
Katia era una buena chica de Chernóbil, él mismo la había recogido cerca de
Kiev, pero le había ordenado que dijese que era de Rusia si algún cliente le
preguntaba, porque ninguno querría meter la polla dentro de la muerte”).
Frente a la
calamidad, la real, la cruda; pues no hay más remedio que optar por la
degradación, por la pérdida de uno mismo, por ese encuentro indeseado con lo
inhumano. Pero como el hombre no puede quedarse en el aire como una pluma, en
un vaivén inminente, habría que crearse una moral, una moral acorde con
nuestras circunstancias. Y estas mujeres lo hacen, lo hacen a su modo y con las
reglas que sus contextos les permiten. Así pues, matar o prostituirse no parecen
opciones tiradas de los pelos, para nada.
Hasta que ambas
mujeres se encuentran (en realidad es así como empieza la novela) y van
destejiendo un vínculo aún más estrecho que la propia coincidencia.
A ritmo
galopante, con capítulos cortos y saltos temporales y afectivos que pueden
descalabrar incluso al más duro. La degradación sexual, la muerte, el abuso de
un par de chulos, que buscan a una prostituta en todo Berlín, tan convencidos
de su mierda, de su derecho sobre ella, es como para poner los pelos de punta.
Luego de leer
esta novela, es imposible no quedarse con el todo y con las partes. Me explico.
En conjunto la novela es un diálogo con el pasado, un encuentro entre dos
mundos nórdicos que de algún modo se estrechan, se contraen y se expulsan (purgan).
He ahí el gozo de la literatura en su valor total. La capacidad que tiene este
libro para tensionar y amalgamar emociones es ilimitada. Luego hay también
personajes como Paša, uno de los chulos, que en toda su infame humanidad
encuentra espacio para el sueño: un estudio de tatuajes (construido a partir de
la intromisión de occidente); o la envidia que Aliide siente por su hermana
Ingel, desentrañando un sentimiento tan prístino como la venganza. Pero ellas
no estaban solas, sino sumergidas en una Estonia que dejaba de ser manejada por
el ejército rojo. Lo que significaba que muchos hombres poderosos lo empezarían
a perder todo: Martin.
Al final el
diario de Hans, esposo de Ingel y padre de Linda, como la síntesis de la
soledad y el abandono. Porque aquí todos, con o sin alevosía, terminan
abandonados. Eso sí, sin perder nunca la esperanza. “No soy libre todavía, pero
pronto lo seré, y siento mi corazón ligero como una golondrina. Pronto
estaremos juntos los tres”.
Un cuento y yo.
Soy un escritor porque acabo de escribir un cuento.
No tendría nada de raro si no fuera porque tú eres un personaje secundario de
éste, el principal soy yo. Te siento en una silla tan estrecha, que te hace
doler el trasero, yo estoy frente a ti, sentado de piernas cruzadas, en el
suelo, como si fuera a meditar, pero no tengo aspecto de meditador.
Hay algo que te lleva a odiarme con una furia
moderada, la llamas sospecha, pero luego crees que es tonto y hasta imposible
pensar que yo tenga algo que ver con tu postura incómoda en esa sillita, a ver…esa
sillita azul.
Hay algo extraño y empiezas a sentirlo cuando un
leve impulso muere dentro de ti, quieres salirte de esa silla y adoptar mi
postura que, evidentemente, es mucho más placentera, porque dibujo una sonrisa
que te da envidia, pero no puedes, no es que lo intentes porque ni siquiera
puedes intentar, como dije, es un impulso que muere dentro de ti.
Desesperas porque hago que desesperes, me divierto
haciéndote sonrojar y tirando tus brazos hacia la plataforma de la silla, hago
que contengas el aire porque escuché que así se reduce el volumen del cuerpo,
aunque sea un poquito, y así dispones de un pequeño espacio para ubicar los
dedos en los bordes de la silla y zás¡ hago que tires con toda la fuerza que te
doy, que no es poca, pero igual sigues como pegado a esa horrible sillita
amarilla, perdón, azul.
Hago que me insultes sin siquiera perturbar mi
estado de calma, mi sonrisa se extiende todavía más y te da más rabia. Luego me
pides ayuda, lo haces tartamudeando ¿qué te asusta?, yo?, como un niño travieso
empiezo a carcajear, pero luego lo hago delicadamente, no vaya ser que pienses
que soy cruel. Renuncias a cualquier esperanza de auxilio, me mantengo
impasible, con las manos posadas en cada rodilla, quiero decirte algo y pongo
la cara más solemne que tengo, apago mi sonrisa pero ésta se enciende
incontrolable, entonces me conformo con una cara sonrientemente solemne,
solemnemente sonriente, solemnemente risible, qué divertido. Olvido lo que
tenía pensado decirte y bombardeo de silencio el ambiente.
Hago que las venas que surcan tu piel crezcan
temerosamente, estás furioso y me asustaría si no lo podría controlar. Sacudes
tu cuerpo, pero tu trasero no se despega de la sillita azul y lloras. Si vieras
lo lindo que lloras, lo infeliz que te ves, conmueves, y todo gracias a mí.
Luego renuncias porque te faltan fuerzas, de golpe
todo entusiasmo agonizante te abandona.
Has sido derrotado en una batalla inexplicable, agachas la cabeza y
crees que es vergonzoso y lo es, pero nadie te ve. Tal vez porque te detienes
en este último detalle, sueltas un suspiro como de resignación, un resoplido
último. Y así, se acaba esto.
Te preguntarás por qué soy el personaje principal,
si me he pasado todo el tiempo escribiendo de ti. Verás, es que el tipo en la
silla soy yo, tú fuiste como otra conciencia, una paralela y pasajera que ahora
se resigna a incorporarse a mí, sin ningún sentimiento abordándote, porque no
eres ni viento, ni polvo, sólo unas letras que se abrazan y se diluyen
precisamente por lo que representan ahora. Debo disculparme por este atropello.
Hay algo que debería aliviarte, algo así como una
venganza que te hubiera gustado planear y ejecutar: Después de todo, tampoco puedo
salir de la silla.
J.
Estiven Medina Ortiz
Metro - I
Y
así su cuerpo se vuelve una quemadura todo con las rodillas flexionadas a la
altura de la cara. Se suceden estelas llameantes. Siente la vibración del piso,
suspendido en vértigo, flotando a 80 kilómetros por hora. Una roca
incandescente su existencia penetrando el túnel oscuro como misil.
Abre
los ojos y el pasillo se alarga infinitamente. Nada ocurre más que lo
inmediato. Todo se repite en una segunda narración del mundo. Se reinventa este
placer, esta sensación de, este placer, esta sensación de, este placer, esta
sensación de incendio; y entre ambas rodillas mete la cabeza. Nada pasa en el
silencio.
De
pronto, como colibrí estampándose contra el concreto, una seca desconexión del
vuelo. Un derrame a tropel. Diez mil hojas muertas cayendo al mismo tiempo.
Se
estira. Alzando la cabeza, mira todo. Recorre el lugar. Lo siente revelarse en
profundidad y superficie. Apoya la espalda casi recta. Aprieta el puño. En la
palma quema la humedad. Un zumbido como hormigueo vibra en su piel, asciende
hasta los oídos. El chirriar del movimiento, el romperse de las cosas. Lleva el
puño a la nariz.
Cierra los ojos.
Inhala.
J. Andrés Herrera
PUJAMOS MUERTOS
PUJAMOS MUERTOS
“Naciste
sin llorar.
Creíamos
que eras mudo.
Por
eso tuvieron que pegarte.”
Mamá.
-Claro hermano cómo no
cuánto alivio sería nacer
con un poemario listo bajo el brazo
que en vez de sábanas viejas exista una alfombra roja
enfermeras pidiéndote autógrafos
doctores haciéndote vivas hurras
y tu madre llorando sólo de emoción
tu padre inflándose el pecho
diciendo ése es mi hijo
y todo mientras nadie te haya clavado un nombre
y puedas escoger no tener un nombre
Pero no mi hermano
nacimos al llore ahogado en sangre
el doctor dijo puje señora puje
y las enfermeras gritaron contodasufrente apúrese tía
apúrese que hace calor
apúrese que no me he bañado
hace como siete pacientes
apúrese que espera un viejo
tumoroso
una vieja sin riñones
un niño quemado hasta los huesos
y así apurados nos arrancaron del amor puje
así nos arrastraron del tobillo o el sexo puje
así mamá explotó
y ahora papá es fermentado en un arenal de gaseosas
ahora cargo este nombre que se
empeña en ser José
este nombre que pudo ser
Antonia
y esta chela escupiéndonos hermano:
la sed ya viene
la sed ya vendrá
y por dios estos bolsillos
llenos de hambre
que se quieren largar del pantalón
y esta falta de confianza entre tú y yo
impidiéndonos decir tranquilamente salud
salud
hermano
salud
doctor
salud
señorita enfermera
salud mamá salud papá
salud engendros míos que suyo
soy
y salud que me lleva la misma náusea en persona
salud que el cantinero nos mira y dice pobres diablos ya están en cero
de nuevo
sin ningún poemario listo bajo el brazo
sólo tristeza arrinconando el cuello
sólo este miedo trapeándonos de esquina a esquina el pecho
sólo este ombligo abierto por el codo
y sólo esta chela hermano
sin vaso medio lleno
sin nadie pa poner el hombro bajo esta resaca
sólo vidas como la tuya y la mía con el despertador puesto eternamente a
las 6
eternamente a las 5 eternamente a las 4 3 2 una
hasta que nos cierren en la cara la última puerta y nos echen tierra
y mastiquemos tierra cuando seamos tierra
sin adiós ni mucho gusto amén
sin queridas llorando al menos por ese día
sin flores sin el más mínimo sentido del pésame
sino tan sólo un murmullo espinoso que podemos resumir en un pobre
diablo
ya era hora que se vaya
y sólo llenos de estos nombres que nos han clavado por la espalda
nombres como José Antonio
como Eduardo Ernestina Luis David
y tanta Mercedes!
apellidos tan sedientos como García
Quispe Torres Mamani
y tantas Rojas que nos atraviesan el cuerpo de 8 a 8!
pero no se detenga señora puje
puje al doctor asqueado en mí
puje esta sábana puje
enfermeras ensucie mi pecho
y siga pujando por dios
que las tetas de mamá ya se han secado
que ya me rebalso de moscas
me rebalsa de todo lo arrastrado hasta aquí mi hermano
de rodillas frente a la tristeza
de rodillas frente a una botella gritándonos lárguense
lárguense!
y vuelvan a sus madres por la puerta de servicio
vuelvan a mezclar el cemento en la placenta
a clavarse ojos en la sangre
a conectar un foco mugriento al cordón umbilical de su rabia
a sentarse y a escribir escribir
corregir escribir corregir
y a no volver a nacer hasta que tengan ese poemario listo bajo el brazo
bien embarrado en sudor
en moco vaginal
hasta que algún día les
aplaudan
y dejen de matar sus
bolsillos de hambre
y no se vayan a quejar
no derramen la cerveza
dejen esta mesa como estaba
no olviden cerrarse la puerta
al salir
y no se les ocurra jamás
gritar soy po
e ta
váyanse a pujar y a pujar hasta que sus hijos les pasen por encima
hasta que no haya pal desmonte nada más que estas muelas
o lo que es igual: sus cuartuchos
porque si no es cuadrado el universo la tierra ni siquiera la luna
lo es esta vida hermano
cuadrada como esta mesa
cuadrada sin salida
y no diré que yo lo descubrí
lo descubre cualquiera que sale con todo el peso de su espalda
al trabajo al
colegio
al hospital
aquí
por eso hermano vámonos por dios
qué se le puede hacer
qué alfombra roja ni qué ocho
cuartos
qué autógrafos qué aplausos
qué papá o mamá llorando por
ti
sólo es real el viejo de los riñones
la vieja quemada hasta las zanjas
el niño tumoroso otra vez
y nada más hermano
nada más queda por dios
ya ni existen versos pa cerrarme la boca
ya ni los versos tienen el filo suficiente para mutilarme todo esto
ya se ha perdido todo en el vientre de tu madre despertando sola en un
cuartucho
a la una sin sábanas
deshecha de tanto parir cuadrados
o
lo que es igual: n a d a
te imaginas lo que es explotar y explotar todos los días tanto para no
parir nada?
por eso hay que decirlo hermano
así es la vida y nada más rueda
sólo brindar sin vaso
brindar sin cuerpo
brindar tu desgracia y la mía
mi desgracia y la de siempre
así que levanta el brazo
alza tu pobreza
y di conmigo
si aún te queda vida hermano
di conmigo:
-Salud…
Antonio Chumbile
Antonio Chumbile
¿Dónde está mi caracola?
Extraño tus dedos cuando mirábamos
porno, tu melodía de techno noventero, y
más aún la D con que decías mi nombre,
sin pensar que rompecabezas íbamos a armar. Las calles se volvían tableros de
ajedrez y tu vientre era mi pista de baile, tu ombligo me indicaba que Marte
estaba cerca, tenía que aprender hablar varios idiomas. Mi suerte había cambiado,
tú eras un gladiador con varios asesinatos encima, yo no tenía ningún homicidio,
solo maté el beso que me diste cuando los autos volaban con los ojos vendados. Cien veces me reclamabas que la galaxia no
gira alrededor de mi resaca, que debíamos cambiar de motor al helicóptero que rodeaba nuestra
habitación, tu aroma era un imbox, y no aterrizábamos en ninguna vereda con asientos seguros. Hay finales
que se escriben en un taxi, otros que comienzan en un hotel.
Reniego
entre tu ombligo y mi vergüenza
un destino
se quebró,
tú con
él,
yo con
mi escrito.
Me persigne varias veces antes de hacerte el amor,
temía encontrar el santo grial. Viajar a
tierra santa es peligroso, no debo llevar galletas ni preservativos. Mi atención
solo debía estar centrada en manejar el auto rumbo a llegar a tus lunares, no
perderme. Jugar al break dance con tus
labios e incentivar nuestras manos a la guerrilla. Eso debí anotarlo en mi
libreta y hacerlo. Pero no, la vida está hecha de las cosas que metafísicamente
no puedes follar. Al menos pudimos tocar
juntos el centro de la tierra y reírnos de los zapatos de los payasos. No es momento
para arrepentimientos, ni para eso estoy
preparado, las estrellas a veces nacen sin galaxias, lanzaré los dados para ver
qué número eres ahora. El azar en su
locura por ti se parece a mí, ambos tenemos una corbata gastada, el pantalón remangado
y la barba crecida. Y ya no leemos filosofía porque hemos renunciado a tocar la
guitarra con alguna distorsión (me trae recuerdos a ti).
Seré la bestia de circo que sube al rascacielos,
perseguido y odiado, miraré la ciudad con sus bibliotecas y sus plazas, te
buscaré entre las iglesias con polillas y todas marchitas. No encontraré nada. Me encontrare
con soldados a mi alrededor queriéndome matar, estoy entre el plano cartesiano
de lo cierto y la emoción. Me disparan. Soy
los ejes sin coordenadas, la distancia y la ecuación no dieron resultado en
este pizarrón de escuela. Ensangrentado y en medio del asfalto recuerdo los arañazos
a los patrulleros, éramos milicia. Pasos lentos, tortuga en zigzag, recordando
lo que dejó como testamento en medio de tu isla, en la zona donde tu tatuaje no
es reconocido. Tortuga salvaje con voz ronca, susurra rezos recordando la fuga de un preso para festejar el carnaval,
sus colmillos se cayeron por no besarte en las temporadas que trepabas los árboles y mostrabas tus
senos para comprobar que nuestra piel se devoraba al ritmo del canto de los
grillos. Tenía miedo por el calabozo que construimos cerca de nuestras casas,
yo aparte construí un manicomio quería que me acompañes, pero también me daba
miedo, tenía miedo hasta de los parques cercanos, los niños con sus ojos de
cucaracha me daban miedo. Ya no podía existir sin una letra de tu abecedario,
no podía, tu sí. Tú tuviste más aviones para
desarmar, en cambio los días ya
saben a pelea de perros, o al golpe que me dieron en una avenida con
gangrena, bueno mis besos son lentos, mis deseos se confunden y los ratones
quieren hacer democracia con el queso en
momentos de fascismo emocional, ¿dónde está mi caracola en estos momentos que
veo tu foto? .
Mario Santiago Bey Quiroga
La belleza consiste en repetir esa canción, una y otra vez, una y otra vez.
I
Cansado/ rememoras tu
estadía en el vientre de mamá
Y luego te hallas
en el vientre cálido de mamá:
Un vientre rayado de arcoíris/
perfecto ámbar líquido arcoirisiano.
Mamífero
enloquecido,
Eres en ella
el universo cargado de
emociones resplandecientes
que disparan dientes hasta lo alto
del cielo celebrando el venidero grito contenido.
y el dolor que ata al ser humano a su
temor
es un insecto que está empezando a tener
esas alucinaciones en donde una gota de lluvia
cae
como
una
piedra
en
el
agujero
nuestra historia,
II
Pero ya estás viejo para ir añorando tu
nacimiento y todo lo maravillosamente sucedido antes de eso.
Y además no recuerdas con claridad. Y
ya estoy viejo.
…la belleza consiste /
óyeme bien:
En poner una y otra vez la canción que
canta joey y
Quebrarte mientras bebes una cerveza con la
misma incertidumbre con que percibes cada crujido de tu cuerpo…
Tu cuerpo frágil por el tiempo y para el
tiempo
que nos queda siempre
debiendo algo.
Tu cuerpo helado que exhala ese incendio mojado
mientras
esperas
que algo en ti halle la temperatura del
equilibrio.
(Oh, relojes temerosos, de corazones
hendidos por donde cada gota de sangre
cae
cumpliendo la función del cálculo
de los intervalos de lo inalcanzable).
Tu cuerpo caverna
en donde, al calor de una hoguera
sinsentido, abrigas tu timidez y ensalzas tu único temor de concebir la belleza
como una bestia indomable.
Y lo de la cerveza no es una condición
imprescindible, puedes poner la canción (una y otra vez) y escucharla solo, sin
hacer nada.
Pero te advierto que la incertidumbre
puede ser irresistible
y
tu soledad llegará a parecerte la más estúpida y necesaria en ésta noche de
estrellas
salvajes.
Ya no pienses en tu nacimiento, por más
conmovedor que sea el recuerdo que algunas tías y tu madre te hayan ayudado a
concebir,
Piensa mejor en:
-
Que pronto egresarás de
la universidad,
-
Que tanto cigarro no ha
terminado destruyéndote y no has desarrollado ningún tipo de dependencia,
-
Que estás pensando en
dejar el hábito de fumar porque esa chica te pidió, con tanta ternura, que lo
dejaras, como también te pidió que la dejaras días después (bueno, no pensemos
en eso).
-
Que estás aquí,
escribiendo, después de todo, un poemario relativamente decente (esperemos).
(Estás avanzando por una línea que va
hacia la muerte, pero aquello no debe preocuparte mucho).
Ni siquiera es camino lo que vas pisando,
es una línea imaginaria.
Un día, antes de morir darás una fiesta en
donde te entregarán un obsequio: una cajita mal forrada, que tras leer la breve
nota adosada (“Esperamos que te haga
feliz”), desgarrarás con entusiasmo infantil y hallarás dentro un ataúd pequeñito/
muy hermoso
y
dirás:
Aquí no quepo
Y te echarás a reír y la canción estará
allí, repitiéndose indeclinablemente, como haciéndote recordar que la belleza
había sido todo el tiempo la misma y que habías, no muy convencido, acertado en
abrazar.
También la belleza te convencerá que tu cuerpo sí encaja en
aquél ataúd
Y que estás cansado,
como en un
principio.
Esto te confundirá un poco y ya no podrás
sonreír.
Algunos de los invitados te ayudarán a
acomodarte en esa caja que te va pareciendo más graciosa a medida que a tu
cuerpo lo posee una sombra,
te dirán palabras de agradecimiento (por
haberlos invitado a la fiesta) y te harán gestos de despedida con ambas manos.
Tú ya estarás pensando:
No sé si me hace feliz,
Pero sí me hace bello.
E irás cantando la canción,
Como en
un principio
Muy bajito.
J. Estiven Medina Ortiz
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