Extrañamente nos extrañaremos /
obviando todo el arsenal de odio del que dispusimos (secretamente) una vez
establecido el primer día.
Por tu mejilla rodará un ratón transparente (que siempre quiso asesinarme)
y al que le tuve la fobia más sincera y risible.
Espía del silencio /
ansiamos el fantasma que acude a abrigarnos en los espacios abiertos/
y nuestras manos como hojas de un árbol antiguo han cesado el vaivén de la sonrisa
Ése polvo que despierta las ruinas de una ciudad tan nuestra…
Tus piernas
tambalean al contacto del silencio como agua caída de los techos de nuestra tristeza.
Y nos inmolamos en el rencor
y te disgusta cada movimiento que hago porque
existe un parecido a la lejanía/
desde donde nos llamamos, ingenuos y felices/
jugando luego con el fuego de los insectos que brotan de nuestros cuerpos cuando somos uno.
Y la oscuridad es un color más rasguñando tu frente
y el sudor es una sustancia extraña que impone un aire de solemnidad en nuestro diálogo sobre el fin y el extrañarnos desde un mar de días /
/ Distantes
Ya aprenderemos a detener el fin
bajo la colcha/
mientras somos un par de ocultos puntos opuestos
situados en el mapa que nada podrá encontrar
salvo la resignación de ser eternos desorientados/
y soy tan tonto como en un principio/
que no deja de hablar de la muerte en términos tan distintos porque voy aprendiendo a controlar la claustrofobia de las palabras y las cosas que me rodean/
y no soy tan tonto como en un principio/
porque hemos recorrido todo lo que hubo que traspasar con la fuerza expansiva de una bomba oxidada por la humedad de las lágrimas/
habrá que asumir algún día esta tristeza con todo el cuerpo y la entereza de un adulto/
y ver por la ventana cómo se aproxima la ráfaga de fuego y artefactos chamuscados/
entonces tendremos que reconocer que nuestra herida es la más perfecta porque está a punto de sanar/
y tendré hambre
y comeré galletas.
J. Estiven Medina Ortiz.
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